
Entró en la cafetería con dura mirada, apoyó su presencia en la barra, miró y sintió que la observaban.
-Perdona, me pones un café con leche, por favor.
-Perdona, me pones un café con leche, por favor.
Educada, con voz serena y dulces labios dejó que el tiempo se adueñara de su existencia.
Él, desde la otra punta de la barra, la adoró. Sintió el calor de su corazón y el latido de su pubis mientras le dedicaba toda su atención. Pelo azabache, ojos marrones, besos delicados, cejas gitanas, tez dorada y nariz que invitaba a la pasión. Por un instante la sintió tan cerca que olió la sensualidad de sus firmes senos y se agarró al jugo de su clítoris.
Ella, dejando que la mirada de él la penetrara, aliñó el café con terrón de azúcar y permitió que el olor del café se instalara en sus labios. Con el tiempo enganchado en un instante, se acercó a él, agachó la mirada hasta su trasero y dando protagonismo a la sensualidad, le susurró al oído que le regalaba su eterna lujuria.
Luego, gemidos entrelazados, miradas mojadas y sábanas bañadas en almíbar...
6 comentarios:
un sutil coqueteo.....
me encanto allen
besos
..una mañana vas a tomar un café y... ¿ quien sabe?
me gusta tu blog pasaré con más tiempo...
besos.
una sugerente insinuación que sin duda los dos supieron aprovechar
besotes
lágrimas de mar
uyyyyy que lujuriosos andamos por aca, me voy con las mejillas encendidas (y algo más)
jajajaja
Besos y gracias por la visita.
cuando el contoneo de unas caderas perfilan tu deseo sólo queda zambullirte en la silueta que las sostiene...
Apetecible...
Un beso!
Que tal flechazo...!
un beshito
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